
La terapia de cuencos es un masaje meditativo producido por el sonido y vibración de estos instrumentos. Desde el método AtmaButi®, los cuencos para terapia son de aleación metálica hechos a mano, originarios de Nepal y escogidos por frecuencia, tamaño y otras cualidades para sanar. Hay mucha variedad de cuencos y no todos sirven para terapia.
El maestro nepalí Suren Shrestha, originario de Khandbary, Nepal, recopiló los protocolos y técnicas que se practican desde tiempos antiguos, directamente de maestros, lamas, bijuwas, monjes y chamanes del linaje del cual él desciende. Esta compilación se registró como Método AtmaButi® (medicina del alma en sánscrito), que hoy en día enseña mediante su escuela escuela AtmaButi Sound & Vibrational School®, con sedes en Nepal y USA.


“Tal y como sucede con un instrumento musical que se desafina con el uso, nuestros cuerpos también pueden perder su armonía vibratoria. El estrés o el pesimismo crean bloqueos en el flujo saludable de energía, primero en nuestro campo energético alrededor de nuestro ser y luego en nuestro cuerpo físico.
El sonido y la vibración también se usan para afinarnos y volver a la salud; y una de las maneras más poderosas, desde nuestra tradición, es usar los cuencos cantores. Hay un profundo efecto saludable que se produce con la fuerza invisible de los cuencos combinada con la oración.”
Suren Shrestha
Con el método AtmaButi se produce una figura, una geometría ordenada en el agua de nuestras células y en nuestro campo invisible, equilibrando nuestros sistemas y su funcionamiento. Ese patrón o figura armónica corresponde al orden natural de la vida. Las enfermedades o desequilibrios corresponden a geometrías disonantes o fuera del orden.
Así entonces cuando nuestro cuerpo retornan a su forma original, nuestro cuerpo recobra su memoria y resiliencia para desintoxicar y sanar. La medicina siempre ha estado dentro nuestro.


Estas terapias mejoran la memoria y claridad mental, aumentan la vitalidad en el día y la calidad del sueño.
Algunos sanan patologías crónicas o agudas en estas sesiones, o bien resuelven aspectos profundos que no pueden describir con palabras y que finalmente resumen en que al fin se sienten bien. Otros cambian dinámicas tóxicas para sus vidas o encuentran un propósito significativo para sus vidas.
Cada vez más profesionales aplican el método AtmaButi para integrarlo a sus tratamientos con clientes. Cada vez más padres y madres lo aplican a sus familiares más cercanos con resultados positivos.
“Luego de varios experimentos para comprender cómo se influye sobre las emociones y sentimientos, facilitando la sanación, la reducción del estrés y un estado realzado de conciencia espiritual, nuestras investigaciones indican que el intervalo de quinta junta (relación matemática de 3:2) y sus armónicos resultantes, tienen la capacidad favorable de influir positivamente el sistema nervioso parasimpático al tiempo que modifican el estado de conciencia de quien escucha.
Estoy fascinado por el enfoque de chacras mediante un mapa de quintas justas y aliento a todo aquel que trabaja con sonido a que experimente con este sistema de afinación, a la luz de los nuevos descubrimientos con relación al uso de la armonía para sanar.”
Dr. Harold Grandstaff Moses
director del Instituto de Ciencia Armónica, Phoenix, Arizona, USA
"Esta tierra es un conductor de resonancia acústica. Si quieres saber los secretos del Universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración. No me importa que hayan robado mi idea... la humanidad podría vivir para siempre. Un individuo como yo es efímero, las razas y las naciones vienen y desaparecen, pero la humanidad puede permanecer, y conservar la vida de donde se nutre.
Ahí reside la profunda diferencia entre el individuo y el todo.
- Nicolas Tesla


El objetivo de la vida es que tu latido acompase con aquel del universo, que tu naturaleza regrese a la misma naturaleza.
- Joseph Campbell



De los cuencos de Carolina Santizo.
“Pasa. Descansa tu cuerpo sobre la cama. Respira y deja que el mundo desaparezca”. Quien habla es Carolina Santizo, amiga cuya sonrisa abandona, por tamaño y luz, su cara. Yo me siento mal. Visto ropa cómoda para la experiencia y cargo, en mi espalda, varios meses de ansiedad e incertidumbre. Estoy tieso, chueco, blando. Un par de días atrás, la misma Santizo me reconvino con cariño: “Necesitas ayuda; sabes que trabajo con los cuencos y su música, con sus propiedades curativas. Tú haces música. Prueba. ¿A qué le temes?”
Paso y descanso mi cuerpo sobre una cama muy cómoda, en un ambiente que huele bien y que abraza mis dudas apaciguándolas. Sigo la voz de Carolina Santizo, quien me lleva con su mano invisible a cumplir una serie de instrucciones que sigo, sonámbulo. Cierro los ojos. De cualquier forma la presiento: se mueve sin pausa de un lado a otro de la cama, de mi silueta, acomodando los cuencos para que se cumpla el trato.
Los cuencos: hermosas aleaciones con la forma de una boca viva. De su centro profundo y ancestral surgen notas. Santizo acomoda este Tarot de bronce tonal, mientras su voz me duerme en la seguridad del cariño. Sé que va y viene, que pone y quita agua; que establece un ambiente en donde las sensaciones más agradables comienzan a conectar sus puertos. Es ahí donde inicia un viaje piel adentro, custodiado por instrumentos que estiran su voz a través de la frotación continua. Carolina Santizo me está afinando.
Descanso sobre una cama que ya no es cama. La gravedad ha muerto y una liviandad azul se adueña de mi peso. Suena el mundo, es decir el cuarto: lo que intuyo, lo que no puedo ver… lo que puede ser. Me relajo y un decir concreto me atraviesa como la flecha hermosa del silencio que habla. Una red va envolviéndome mientras tempera lo que se ha desajustado en mí. Carolina Santizo afina mis nervios con su arte.
Me voy. Los cuencos unen lo que está roto. Sueño. Hay una condición acuática en la escena; calma y murmullo. La cascada de mi propia vida deslizándose a través de una estampa que me gusta. Los cuencos son pequeñas catedrales que tocan sus campanas para celebrar un despertar diferente.
No sé cuánto tiempo llevo bajo el influjo de una sensación superior. Carolina Santizo me despierta.
Me siento completo y con una cualidad de aire que quiere acariciar árboles y calles. Sueno diferente. Estoy vivo. Ella, también.
José María Arreola
Músico Escritor

